ETA'09
No soy partidario, como algunos expertos en comunicación han sugerido en ocasiones, de imprimir cierta sordina a los atentados terroristas a fin y efecto de no hacerles el caldo gordo a los terroristas, porque ya se sabe que terrorismo y propaganda van de la mano.
Ahora bien, entre la sordina y la sobreinformación debe haber un justo medio. También yo hubiera abierto mi noticiario con el asesinato de Ignacio Uría, pero tengo mis dudas con respecto a la utilidad informativa, política y social de convertir este tipo de noticias en informativos prácticamente monográficos, en los que prima la repetición huera y se corre el riesgo de caer en el hastío.
Y muy en particular -porque acostumbro a cubrirlas para Radio Hospitalet (Barcelona)- pienso en las concentraciones de silencio que se convocan con motivo de los asesinatos terroristas. La escasísima gente que acude y la sensación de rutina, de lo qu "se supone que debemos hacer", que transmiten los allí reunidos me hace sentir un enorme cargo de conciencia como ciudadano y como periodista. En cuanto a esta última faceta, hasta el punto de que omito por sistema, y por pudor, mencionar el número de asistentes y evito comentario alguno sobre el grado de convicción de los allí presentes. Pero, a pesar de todo, no he perdido por completo la esperanza y seguiré tratando en 2009 de aportar mi grano de arena a la erradicación del terrorismo, sobrellevando lo mejor que pueda los dilemas éticos que acabo de expresar.
No he llegado todavía al punto de los 'compañeros' de partida de Ignacio Uría, que la misma tarda del mismo día en que se lo llevaban muerto en una ambulancia con dos tiros en la cabeza no consideraron necesario guardar duelo y jugaron su partida de cada día, como si tal cosa; imagen aterradoramente elocuente de hasta qué punto, después del punto de inflexión que sí fue la movilización tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, el terrorismo se ha integrado en el paisaje y se ha convertido en una rutina infomativa más.


Francisco Durán Velasco

