La ética periodística sin discreción es menos que nada. O peor, es autobombo, treatralidad y autocomplacencia, como evidenció hace unos días Susanna Grisó, en Antena 3. Y, además, tarde y a deshora.

Hablo del ruego formulado por el padre de la niña Mari Luz para que las cadenas de TV no difundan más las imágenes que la familia facilitó durante su búsqueda, o sea, mientras no se tenía constancia plena de su muerte, cuando cumplían un cometido. La familia aducía que la cercanía del cumpleaños de Mari Luz hacía que la visión de esas imágenes -imágenes de recurso y, por tanto, repetidas hasta la saciedad- les resultara demasiado dolorosa. Postura bastante sensata.

¿Qué hicieron en el programa de Susanna Grisó (según vi en 'Telemonegal', de Barcelona TV)? Decir que su programa, al punto de recibir el comunicado de la familia, "habían decidido" no volver a emitir las imágenes de Mari Luz, dándoselas así de éticos y sensibles.

Nada más falso. Incluso de eso quisieron sacar tajada montándose una impúdica promoción. Lo ético hubiera sido hacerlo, sencillamente, sin aspavientos, con discreción, e, incluso, haberlo hecho antes de que la familia de Mari Luz lo hubiera reclamado.

Como ya dije en otro articulito, a cuenta de la cobertura informativa del 11-S y del accidente de Barajas, aprecio una diferencia esencial entre los medios USA y los de aquí, y es que ellos analizan riesgos potenciales y aquí acostumbramos a evaluar daños. Perdón por repetirme, pero para reafirmarse en los principios y en las creencias no queda más remedio.

Francisco Durán Velasco