Está cobrando fuerza -cabe suponer que gracias al auge de los nuevos formatos digitales y las nuevas tecnologías de la información- una nueva modalidad de periodismo y periodista: el periodismo ciudadano y el ciudadano periodista. Chafardeando por google me topo con que este concepto que para mí era relativamente novedoso ya ha sido objeto, incluso, de algún que otro congreso. Y me siento desubicado y también receloso.
Comparto que los medios de comunicación no se centren tan sólo en los circuitos tradicionales de información y sean permeables, por tanto, a los contenidos que la sociedad civil o los ciudadanos particulares puedan aportar. Me parece bien, por ejemplo, que en, en ocasiones, noticiarios televisivos se emitan imágenes grabadas por ciudadanos aunque sean de mala calidad, porque pienso que el valor informativo de este testimonio está por encima de su factura técnica. Me encanta, por otra parte, que en los espacios de previsión del tiempo se incluyan imágenes de fenómenos metereológicos curisos o de gran belleza enviadas por ciudadanos de a pie. Se me antoja una buena manera de acortar la distancia, a veces tremenda, entre los productores y los receptores de la información.
Ahora bien, en todo esta corriente del "ciudadano periodista" creo que se nos olvida que la información que nos pueda transmitir esa nueva fuente puede ser tan sesgada, parcial y tendenciosa como lo pueda ser cualquier otra. Pienso, por ejemplo, en los númerosos y varipointos conflictos vecinales. Si el "ciudadano periodista" sigue ganando cuota llegará el día en que un vecino amenazado de deshaucio envíe su propio reportaje a los medios de comunicación ya listo para su publicación. Y esa noticia sería, seguro, más conmoverdora, pero no más ecuánime.
Francisco Durán Velasco

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