Pues sí, me parece muy razonable lo que ha planteado Telma Ortiz: que la dejen en paz, que no la acosen, que no la hostiguen, que no la atosiguen, que no la desquicien. El periodismo, eso que sirve para informar responsablemente de cosas que los periodistas consideran en conciencia relevantes, no sufriría el menor daño si los programas del estilo de 'Está pasando' y otros dejaran de dar la matraca con cualquier cosa que haga la hermana de doña Letizia.

No me importa ser poco corporativo: los informadores que siguen a Telma Ortiz y otros personajes famosos hasta cuando van a hacer la compra al supermercado no están ejerciendo el periodismo, son víctimas de unos programas más bien carroñeros que les exigen al menos un minuto y medio de imágenes con las que poder alimentar las tertulias del petardeo. Es más, creo que tengo dicho aquí que incluso personajes que comercian con su intimidad y venden exclusivas a programas y revistas, como Jesulín de Ubrique, tienen derecho a que no les persigan las 24 horas del día. Otra cosa es que se le pueda calificar de miserable mercenario y cosas peores, pero, insisto, creo que tiene derecho a ir a comprar al supermercado sin que le persiga una cámara.

Telma Ortiz no es la Pantoja, ni la Obregón, ni Ortega Cano, ni Jesulín de Ubrique, ni Paco Porras, por poner un ejemplo más bien grotesco. En mi opinión ha mantenido siempre una actitud discreta, lo cual le concede pleno derecho a preservar su intimidad, su vida íntima personal y familiar, que así es como me lo explicaron a mí en la asignatura de Derecho a la Información, en la Universidad Autónoma de Barcelona, y no ha buscado rédito alguno de su parentesco con la familia real. Con muy buen criterio, admite Telma Ortiz su vertiente pública, y, justamente ese acto de responsabilidad institucional, le confiere, pienso, legitimidad plena para exigir el máximo celo con respecto a su vida civil.

Aventar el peligro de la censura previa -medida propia de las dictaduras-, para seguir alimentado el desmadre en que se ha convertido la prensa rosa -ahora prensa de la víscera- en España me produce ciertas náuseas. Y como por la vía de la autoregulación la cosa no tiene arreglo, quizá Telma Ortiz tenga parte de razón.

Francisco Durán Velasco