Creo que fue el episodio del café del presidente Rodríguez Zapatero el que dio pie a la sección de la contraportada de El País, en la que entrevistado y entrevistadorcomparten desayuno o almuerzo.
Desde buen comienzo le comenté a un compañero de Redacción que, teniendo en cuentala cantidad de hotelesy restaurantes de alto copete en los que se producían esas entrevistas y el coste medio de las cuentas -que aparecen publicadas y desglosadas-, me daba la impresión de vivir en un país de nuevos ricosy/o snobs. Hasta que le llegó e turno al admirable Marcelino Camacho, digno y austero sindicalista de CC.OO.
El escenario de la entrevista, el domicilio de don Marcelino; el desayuno, café con leche con madalenas, servido,omo se aprecia en la foto, por su señora. A la falta de afectación y a la austeridad, el desayuno de Marcelino Camacho daba cuenta, además, de la coherencia del personaje. Y por lo que a mí respecta me hizo ver por primera vez la utilidad de la sección que, a mi entender, ha tenido el efecto contrario del que perseguía. Aunque a tenor del nivel adquisitivo que se requiere, pongamos por caso, para alojarse en la guía de hoteles con encanto de El País, Marcelino Camacho y lo que representa sean un efecto no deseado.
Francisco Durán Velasco

La verdad es que estamos en un mundo de medianos que se quieren parecer a ricos. Queremos tener un coche mediano para no tener uno pequeño que nos de mejor utilidad; queremos tener un piso mas grande, o si nos apuramos una casa a las afueras que vale mas barata pero fardas más , aunque tengas que pasar 200 rotondas y calles prefabricadas, antes de llegar desde tu casa acorde con tu nivel adquisitivo; y como no, queremos cenar, desayunar merendar en sitios absurdos de medio lujo, para decir que hemos estado alli.
Un aplauso para don Marcelino y su mujer.
Queremos queremos y queremos, pero la verdad es que no tenemos nada.