Dos asuntos me han movido en las últimas semanas a reflexionar sobre los límites entre la información y la opinión, que delimitan la actividad de un periodista de base, de un redactor -no de un periodista editorial-, como es mi caso, y a revisar los conceptos de imparcialidad y ecuanimidad.

Por un lado, tenemos el caso de una plataforma vecinal que reclama que un centro para disminuidos psíquicos y con trastornos de conducta se construya a cierta distancia de sus viviendas. Por otro, el más reciente: un grupo de vecinos que han acudido al pleno del Ayuntamiento de Hospitalet de Llobregat a reclamar que se les mantenga el alquiler de renta antigua, de tal modo que las mensualidades oscilen entre los 50 céntimos y los 15 euros. Han leído bien: son pisos de protección oficial que datan de la década de los 40, cuyos alquileres han de ser revisados y puestos al día por la empresa municipal que se encarga de los alquileres de los pisos de promoción pública.

¿Cómo compaginar tu doble condición de ciudadano e informador o viceversa cuando tienes el convencimiento moral de que la petición del traslado de un equipamiento de atención social y con trastornos de conducta no obedece esencialmente a la preocupación por una supuesta maniobra especulativa del suelo público que pueda hacer el Ayuntamiento sino al repudio social que sufren las personas con disminución psíquica y trastornos de conducta?

¿Cómo no sentir indignación cuando personas que tienen pisos en propiedad en otros municipios, que viven en viviendas heredadas de sus abuelos ya fallecidos piden la palabra en el pleno de un ayuntamiento para quejarse de que les quieren actualizar el alquiler para que en lugar de pagar entre 50 céntimos y 15 euros paguen entre 120 y 200 euros?

He vivido ese conflicto ético y he procurado no caer en el exabrupto gratuito (lo que me pedía el cuerpo era hablar de hipocresía y desfachatez, respectivamente), aunque creo que mi deber como periodista no es la equidistancia sino la ecuanimidad, lo cual no quiere decir que la razón se reparta al 50%. Por suerte, en periodismo,cuando los hechos se explican bien, tienen una fuerza casi incontenible.

Francisco Durán Velasco