Antes de que le toque el turno a Rajoy, me apresuro a comentar alguna cosa acerca de la celebérrima intervención del café del presidente Rodríguez Zapatero. La cuestión dio bastante de sí en la Redacción de Radio Hospitalet (Barcelona)y creo que todos los puntos de vista fueron interesantes y sensatos. Me refiero al hecho de calibrar si es relevante o disculpable que el presidente del Gobierno no esté al corriente de lo que le cuesta el café a un ciudadano medio.

Digo que son válidos todos los enfoques porque a mí, que no vi el programa en directo, me ha sucedido que he ido variando mi postura a medida que he ido conociendo detalles. De entrada, me parecía que sí era noticia que Rodríguez Zapatero deconociera el precio del café, aunque admito que más por razones editoriales (ZP había prometido otro talante y ser un gobernante cercano) que por tratarse de una noticia estricta, puesto que el 'síndrome de la Moncloa' es de sobras conocido.

A pesar de este último aspecto, creo que valía la pena resaltar el aislamiento del presidente del Gobierno y aprovechar para suscitar el debate sobre la capacidad de compra de nuestros salarios desde la puesta en circulación del euro. De hecho, un compañero de Redacción afirmaba que el ciudadano que formuló la pregunta nos había dado una lección de periodismo al afirmar:

"Lo del café es anecdótico"
El País, 29/3/07

Lo de los 80 céntimos era un magnífico reclamo para plantear ese debate, pero una vez más quizá se confundió lo llamativo con lo noticiso o lo noticiable.

Justamente, ese matiz entre lo noticioso (lo que es o debiera ser noticia) y lo noticiable (lo que convertimos en noticia) es lo que me ha hecho decantarme por la opción de lo anecdótico. El argumento dfeinitivo fue conocer que, entre otros titulares, Rodríguez Zapatero habría producido uno, según el cual no le parecería procedente llevar a Aznar ante un tribunal internacional. Ante la trascendencia de esta toma de postura (voces del PSOE habían pedido el encausamiento del expresidente del PP, protagonista tercero de la foto de las Azores) la anécdota del café debiara haber quedado, en efecto, en anécdota.

Menos dudas tengo con respecto a algunos aspectos relativos a una de mis obsesiones gremiales: los gabinetes y asesores de Comunicación.

En la Redacción de Radio Hospitalet se ha explicado de nuevo que hace más de 20 años el hoy consejero de la Generalitat y entonces concejal, Joan Saura, le preguntó al alcalde, Juan Ignacio Pujana, cuánto costaba el billete de Metro y éste no supo contestar. No pido que los asesores de Rodríguez Zapatero conozcan este sucedido, pero un mínimo de cultura política les debiara haber traído a la memoria las preguntas de Fraga en el Congreso sobre el precio de los garbanzos. De haber sido así, con total seguridad alghuein habría aleccionado al Presidente sobre los tópicos universales en un programa de esas características: el café, el periódico, el billete de Metro y el menú del bar. Ante tamaño desliz, me pregunto cómo habrán justificado los asesores de Rodríguez Zapatero el sueldazo que deben cobrar.

Quizá la mala conciencia de éstos explique la operación de neta propaganda que se puso en marcha después del programa, cuando pusieron a Rodríguez Zapatero en la cafetería del Congreso para que convidara a café a unos cuantos diputados con el único objeto de contrarrestar la mala imagen que transmitió en el programa de TVE. También en este anzuelo picaron los medios, tanto los que abogaban por disculpar al presidente del Gobierno como los que le afearon la conducta, puesto que la mejor manera de evitar la propaganda hubiera sido hacer caso omiso del reclamo lanzado por el gabinete de Comunicación de la Moncloa.

Del obsceno autobombo de TVE con respecto a un programa copiado miméticamente de una cadena francesa no pienso apostillar nada porque conservo aún cierto sentido del decoro.

Francisco Durán Velasco