Siempre me ha parecido de una falta de pudor tremenda creerse un periodista tan importante como para pensar que los gobiernos te represalian a ti personalmente y te remueven de un medio público porque resultas peligroso políticamente hablando. Quisiera hacer hincapié a la hora de plantear la cuestión en que me circunscribo a los medios públicos, tan sometidos al control político y, por tanto, sujetos a los vaivenes electorales y a las componendas que de ello se derivan.
Supongo que si uno entra en el juego político lo ha de hacer con todas las consecuencias, incluida la posibilidad de que te destituyan por el mismo procedimento que se empleó para nombrarte. Y esto vale, pongamos, por caso, para Alfredo Urdaci como para Lorenzo Milán, aunque es bien cierto que Urdaci aceptó cohabitar con Milá y que él, Urdaci, ahora no presenta el noticiario de La 2, sino que se dedica a ser monologuista supuestamente humorístico.
Me vuelve este pensamiento a cuenta de los programas del nuevo programa de libros de Barcelona TV, la cadena municipal, que no es "Saló de lectura", presentado por Emili Manzano o por Marina Espasa, sino "qwerty", bajo la batuta de Joan Barril.
No dudo de que a Joan Barril le largaran con cajas destempladas de COM-Radio, la emisora gestionada por la Diputación de Barcelona, y que fuera el presidente de la Diputación y alcalde de Hospitalet de Llobregat, en cuya emisora municipal trabajo, quien ordenara que se diera por clausurado el programa "La R-pública", y que, por tanto, se tratara de una injerencia política. Eso es moneda común en los medios de comunicación públicos, en los cuales, los editores y directores de programas que tienen cierto contenido editorial vienen a ser una especie de cargos de confianza.
Por aquellos días, Joan Barril publicó feroces artículos y comentarios acerca de la decisión política de suprimir su programa y echarle de Com-Ràdio y también lo hicieron otros periodistas. No lo censuro, pero reitero que las cosas van como van y pienso que hay que tener cierta capacidad retroactiva para preguntarse por qué le nombran a uno director de un programa importante de una emisora pública.
Tan es así esto de que en los medios públicos funciona "el quítate tú que me pongo yo", que, andando el tiempo, Joan Barril presenta un nuevo programa de libros en la misma franja y el mismo día en que hasta hace poco se emitía "Saló de lectura", programa que, al parecer, había levantado, además de gran expectación y buenos niveles de audiencia, alguna que otra ampolla política. Tan es así, que las críticas vertidas en la despedida del último programa por su última presentadora, Marina Espasa, dieron como resultado que el programa no se reemitiera, como había sucedido con todos los demás programas. Aunque no lo leo ni lo escucho diariamente, no me acude a la memoria artñiculo alguno de Barril sobre la supresión de "Saló de lectura" y pienso que, por cierto sentido del pudor y del respeto, debiera haber evitado que su programa "qwerty" se emitiera el mismo día y a la misma hora que el "Saló de lectura" de los supuestamente díscolos Emili Manzano y Marina Espasa.
Puestos a solidarizarme con periodistas víctimas de purgas políticas, prefiero acercarme a los curritos que se quedan en la calle cuando hay reducciones de plantilla o cambios de programación. Las grandes estrellas de los medios públicos acostumbran a encontrar pronto acomodo en otros medios de la cuerda: el exilio de Lorenzo Milá en Nueva York fue fugaz y a Sánchez Dragó se le han abierto de par en par las puertas de Telemadrid.
Francisco Durán Velasco

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