Hace tanto tiempo que lo creo que lo escribí ya en la facultad en una asignatura de periodismo de opinión. Y no en el último curso sino en el tercero: pienso que el ejercicio del periodismo es incompatible con la militancia política. No con la simpatía o con la inclinación hacia una determinada ideología o corriente de pensamiento o, incluso. hacia un partido político concreto (de hecho, me parece que lo más honrado intelectualmente hablando es hacerlo explícito sobre todo si se es articulista o editorialista, porque tratar de esconderlo es un esfuerzo estéril; al final siempre te acaban endilgando alguna etiqueta, así que más vale que la etiqueta la escoja uno mismo), pero sí con la militancia por lo que tiene -mucho más en un sistema tan partitocrático como el nuestro- de obediencia debida a la jerarquía que decide la composición de las listas y de suspensión del criterio propio y el talante crítico.
No juzgo ni repruebo que periodistas como Luis Herrero, ahora eurodiputado del PP, den el paso de dedicarse a la política. Si entienden que tienen ese deber cívico me parece estupendo. Si acaso criticaría y pediría que alguien impidiera las singladuras de ida y vuelta, a no ser que se actúe como articulista o como opinador en cualquiera de sus modalidades.
Veremos si ocurre así en el último caso que, más que llamarme la atención, me ha refrescado esta convicción gremial: el nuevo diputado socialista en el Parlamento de Cataluña, Josep Maria Ballcells, de quien no se puede decir que fuera llamado a presentar el Telediario de las 9 de la noche en época de Felipe González ni que recibiera la encomienda de moderar -¿o dirigir?- el programa de debate político de Barcelona TV precisamente por sus antipatías hacia el partido socialista. Del mismo modo, me malicio,que la ínica posibilidad de que Luis Herreo hiciera lo propio en TVE con el PP en el Gobierno.
Insistio en la necesidad de discernir casi puntillosamente entre el periodismo opinativo y el informativo y/o formativo. Como pontificantes de los idearios de sus respectivos partidos, ni Herreo ni Balcells engañan a nadie, incluso si aparecieran en TV con el rótulo de "periodista", pero en cualquier otra modalidad creo que supondrían un desafuero para la necesaria distancia que debe existir entre los medios de comunicación y el poder político, gobernante o no. El periodista tiene el imperativo ético de la diversidad de fuentes y puntos de vista, mientras que el mensaje unidireccional y privativo es quizá la razón de ser de la comunicación política. Y en eso es en lo que están ahora Herreo y Balcells. Por lo menos ellos lo hacen ahora a pecho descubierto, pero quedan muchos emboscados.
Francisco Durán Velasco

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