Ahora que esto (la campaña electoral catalana) se acaba me parece pertinente referirme a uno de los grandes asuntos traídos y llevados en estos 15 días de fragor. Me refiero a la célebre entrevista del economista afín a CiU y directivo del Barça, Xavier Sala i Martín, al candidato socialista a la Generalitat José Montilla. Ojalá tuviera mejor memoria para poder atribuir correctamente una sentencia referida al género de la entrevista que aprendí en los años de la facultad y que decía algo así como que la entrevista la hace el entrevistado y la cobra el periodista.
Cabe suponer que tal afirmación partía de la base de que el periodista se llevaba el cash por la elaboración y redacción de la entrevista y que el entrevistado se llevaba el oropel y la repercusión, pero Xavier Sala i Martín, que no sólo innova en el ámbito de las americanas y las corbatas, ha ido un paso más allá y, además de pasarle la factura a La Vanguardia, se ha apropiado de la repercusión -mucha o poca- que, en principio le hubiera correspondido a Montilla.
Hay veces en las que, en efecto, una entrevista merece la pena ser vista o leída tanto por el entrevistado como por el entrevistador, puesto que a ambos se les presupone un nivel de brillantez equiparable y entonces resulta una delicia que se pase del formato pregunta-respuesta al de la conversación. Me viene justo en este instante a la memoria una de esas entrevistas, la que leí hace años en el suplemento dominical de El Periódico de Cataluña entre Félix de Azúa y Eduardo Mendoza, entrevista que creo recordar le hacía Azúa a Mendoza, pero que al final no sé sabía quién se la hacía a quién porque la cosa derivó en una interesante conversación entre amiguetes.
Cosa distinta es la estrategia de Sala i Martín, puesto que, a mi entender -que por algo la escritura siempre destila ribetes de nuestro carácter o de nuestro estado de ánimo- desde buen comienzo el díscolo economista parecía tener intención de buscarle las vueltas al entrevistado Montilla, cosa que está muy bien, pero confundiendo el ser incisivo con ser maleducado y arteramente provocador. El hecho de que en la página web de Sala i Martín encontraras en primer lugar la posibilidad de 'pinchar' en un apígrafe que decía "Insultos" creo que es bastante ilustrativo.
De haber sido yo Montilla (digo esto como presunción, porque estando en ese contexto supongo que siempre se opta por la prudencia o el miedo al qué dirán)la entrevista hubiera durando bien poquito porque le había espetado al señor Sala i Martín que, en efecto, no era titulado universitario pero que eso no me hacía peor ni menos digno que nadie. Que para ser político hay que tener cierto sentido común y un cierto sentido del deber y la decencia. Que, de hecho, ni mi padre ni mi madre fueron nunca a la universidad, ni siquiera a la escuela y que esa historia es la historia de centenares de miles de mis votantes y que no voy a avergonzarme de ellos, antes al contrario. Y adiós, muy buenas, señor Sala i Martín, no se preocupe que la comida la pago yo.
Por otra parte, me habría encantado asistir a la reunión en la que los jefes de La Vanguardia decidieron no publicar el contenido íntegro del abrupto y tenso final de la entrevista y optaron por suavizar un tanto los términos. A pesar de que se pueda argumentar que aquello ya no formaba parte de la entrevista, pienso que sí es interesante para los lectores-electores tener conocimiento de ese dato, por lo que revela del carácter o la ausencia de temple del que pudiera ser presidente de la Generalitat. Así que, de haber sido yo director de La Vanguardia, hubiera publicado la entrevista hasta el punto en que aquello se asemejaba a una entrevista y hubiera incluido un despiece con la transcripción íntegra del incidente.
Por cierto, el comportamiento de Xavier Sala i Martín no sólo fue sectario, como apuntaba Montilla, sino esencialmente clasista. Lo afirma uno que es carne de FP, aunque luego cursó una carrera universitaria. Mis padres no pudieron ni lo uno ni lo otro.
Francisco Durán Velasco

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