Me alegra que algún otro periodista haya enfocado la polémica sobre el DVD de CiU desde mi misma óptica. Y me alegra de que haya sido un amigo y compañero de mi mismo medio. Será que pasamos mucho tiempo juntos y todo se pega menos lo bonito.
A mí no me escandaliza ni me parece ilegítimo que un partido o federación política edite un DVD y lo distribuya para mayor engorde del periódico del domingo: es una forma más de comunicarse con el electorado. No he visto el DVD "ConfidencialCat", pero entiendo que a los aludidos no les haya gustado el contenido, faltaría más. Ahora bien, me parece una cortina de humo centrar la controversia en el formato escogido para difundir esos mensajes políticos, puesto que las nuevas tecnologías de la información son cada vez más cotidianas y accesibles y están al alcance de todos. Y CiU no ha hecho sino decir en un DVD lo mismo que dice en los mítines clásicos, o sea, poner a caldo al tripartito. No me parece aventurado afirmar que, en buena medida, el PSOE ganó las últimas elecciones generales gracias al efecto multiplicador de los "sms", mecanismo que han vuelto a activar los socialistas catalanes para pedir a sus militantes qyue tiren el DVD de CiU a la basura y que hagan proseltismo de ello, así que no veo la razón de tanto encocoramiento por un DVD.
A mí del DVD me preocupa que representa un paso más hacia la completa yanquización de nuestra política, es decir, que las campañas cada vez sirvan menos para explicar no ya programas pero sí al menos algunas propuestas y cada vez se centren más en cuestiones relativas a la imagen, al perfil del candidato.
Además -y ahora vamos al meollo del asunto-, me irrita que los grandes medios de referencia hayan actuado con tanta hipocresía mercantilista. Pienso -y así lo piensa también mi compañero-que periódicos de la envergadura de El País, El Periódico y La Vanguardia deberían haber actuado conforme a unos códigos éticos y una línea editorial determinada y haberse negado a distribuir el DVD de CiU si es que hubieran considerado que se trataba de una forma inaceptable de comunicación política o que su contenido era inadecuado por exceder los límites de pugna política admisibles en en fragor de una campaña electoral. Estamos, pues, ante una cuestión de principios no de cuenta de beneficios, y pienso que los grandes medios, medios autosuficientes que no dependen exclusivamente de las subvenciones públicas para subsistir, se podrían haber permitido el lujo de haber actuado conforme a códigos éticos, no tan sólo comerciales.
Pero, claro, como bien me apuntó otro colega de profesión en el descanso del partido en el que Leo Messi le clavó un gol de bandera al Sevilla en el Camp Nou, "quién te dice a ti que CiU no gana de calle las elecciones, vuelve al gobierno y después no te pone una puñetera página de publicidad institucional en cuatro años. Hombre preclaro, Quevedo: poderoso caballero...
Francisco Durán Velasco

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