El derecho a la libertad de expresión -a emitir y recibir mensajes por cualquier medio- no sólo de Pepe Rubianes sino también de los potenciales espectadores que pudieran acudir a las funciones de su montaje "Lorca éramos todos" ha sido vulnerado. Es cierto que Pepe Rubianes efectuó, en el programa "El club", de TV3, y con la sonrisa complaciente del director del programa, unas declaraciones insultantes contra la idea de España como nación. Creo -y así lo tengo escrito- que el problema de fondo pueda ser que ese menoscabo de España como nación unitaria, como patria común e indivisible, que dice la Constitución, de los españoles tiene mucho predicamento en la izquierda, que acostumbra a identificar España con franquismo, con dictadura. Y puedo atestiguar que, fruto de la presencia imperante del nacionalismo en Cataluña, cualquier declaración que denigre la concepción nacional de España y el sentimiento patríótico de los españoles despierta de inmediato corrientes de simpatía y adehesión. ¿Y qué? ¿Qué tiene que ver todo eso con que Pepe Rubianes haya dirigido mejor o peor una obra de teatro sobre el asesinato del poeta Federico García Lorca? Que era lo que se iba a representar en un teatro público de Madrid. A Rubianes, la presión de grupos de ultraderecha le ha forzado a retirar una obra de un teatro; y al Ayuntamiento de Madrid, la amenaza de esos mismos grupos ultra y la presión de algunos medios de comunicación le ha llevado a impedir que se ponga en escena una obra de teatro. Ese y no otro es el meollo de la cuestión

Yo, que vi la obra en el Club Capitol, de Barcelona, no pienso que contuviera ningún aspecto denigrante ni para España ni para los españoles, si acaso para aquel falangista miserable que mandó detener y dar el paseo a García Lorca. Y como todo episodio histórico, se presta a interpretaciones y a aplicar el sesgo ideológico de cada uno, pero, a pesar de ello, creo que el montaje de Rubianes no era tendencioso, sino que estaba planteado casi como la lectura de un informe policial que diera cuenta de los últimos días del poeta. Y como creo que la obra vale mucho la pena, lamento que se haya vetado su puesta en escena en un teatro público, y entendo esta situación como un retroceso de nuestra sociedad.

Pienso que incluso el espectáculo en solitario de Pepe Rubianes, en el que se acerca más a la versión mostrada en TV3 debe recibir el mismo trato que cualquier otra obra que pueda recibir fondos públicos, porque la libertad de expresión se inventó justamente para proteger a los disidentes y a los insolentes. Y si los norteamericanos entienden que quemar su propia bandera no es un ultraje a la nación sino una forma de libertad de expresión, por más extrema que sea, aquí en España debiéramos asumir que quizá haya compatriotas que renieguen de su país por los motivos que sea, y que tienen derecho a expresarlo.

En todo este asunto, hay algunos aspectos que me parecen igualmente interesantes. Por ejemplo, hubiera querido que Rubianes no se hubiera mostrado tan titubeante en las primeras horas de la polémica y hubiera dejado bien claro desde el principio que no iba a ceder ante las amenazas de estos grupos de ultraderecha porque un valor social tan importante como la libertad de expresión así lo merecía. Me preocupa que las mismas razones de seguridad del público aducidas para retirar la obra del teatro Español no se hayan aplicado en el caso del auditorio de CC.OO. ¿o es que los posibles muertos que se pudieran producir en el auditorio de CC.OO. valen menos que los del teatro Español?

Y en cuanto al papel de los medios en el debate público, parece claro que la cadena Cope y Federico Jiménez Losantos en particular han ejercido una influencia grande, lo cual no me parece mal, porque es innegable que los medios de comunicación tratan de influir en el aparato político y de modificar la realidad social con arreglo a sus convicciones y su línea editorial. Por ello no veo incoveniente en que a Jiménez Losantos le pareciera mal que Rubianes presentara su obra en el teatro Español. Lo que se me revela más preocupante es pensar en cómo es posible que Alberto Ruiz Gallardón, con lo mal que se lleva con el director de "La mañana", de la cadena Cope, haya cedido y haya cerrado las puertas del teatro Español a la obra de Rubianes.

De ahí que también piense que la tan criticada pregunta -quizá por el tono excesivamente agresivo- que Iñaki Gabilondo le formuló a Mariano Rajoy acerca dew quién dirigía el PP, si Rajoy, Acebes y Zaplana o Jiménez Losantos, era del todo pertinente.

Francisco Durán Velasco