Ésta era, poco más o menos, la portada de El Periódico de Cataluña del miércoles, 30 de agosto, el día después de que se supiera que Joan Clos sería ministro, en sustitución de José Montilla. De hecho lo único que falta es un faldoncillo justo encima de la cabecera en el que se daba cuenta de la ya casi mítica frase de Clos: "Ayudadme, que me voy al infierno". La otra editora de esta ciberbitácora me preguntaba ayer si no me había llamado la atención esta portada de El Periódico, porque, al parecer, había causado cierto revuelo, y lo cierto es que sí me llamó la atención. Cómo no. En el mundo sólo pasó una cosa relevante: que Jordi Hereu sería designado en un próximo pleno alcalde de Barcelona.

Esto, que es de por sí llamativo, y que El Periódico repitió ayer, 31 de agosto, con una portada conformada por un mosaico de fotos de ciudadanos particulares y celebridades catalanas bajo el titular Barcelona en voz alta, no es, si embargo, lo que a mí me resultó más curioso. Creo que es interesante considerar la apariencia gráfica como ejemplo del sesgo periodístico que, creo, se le quiso dar a esa portada, portada que, sin el menor género de duda, cumplió una de las funciones que se espera de cualquier portada: captar la atención del lector que se acerca al quiosco. El Periódico la da a su portada del día 30 de agosto la apariencia de una entrada de una enciclopedia -HEREU BOHER, JORDI (Barcelona, 14 de junio de 1965)- y, de hecho, el texto, acompañado de tres fotografías, nada menos, que ilustran la evolución de Hereu en su trayectoria municipal y que se evidencia en su progresiva alopecia, viene a ser una especie de currículum del futuro alcalde digamos interino y seguro alcaldable en las próximas elecciones municipales.

A nadie se le escapa, y así venía reflejado más explícitamente en otras portadas, que uno de los aspectos a considerar en la designación de Joan Clos como ministro es que era un clamor que el PSC se lo quería quitar de enmedio porque las encuestas no eran nada halagüeñas y que el momento de tal operación era éste, con vistas a que Hereu tenga unos meses para darse a conocer entre el electorado, porque, como siempre en la política municipal, los alcaldes acaparan un denorme protagonismo y la mayoría de los concejales, incluso del gobierno, son figuras difusas.

No me parece casual que sea El Periódico de Cataluña el que haya iniciado, incluso antes que el PSC, dicha tarea. Y sí me parece interesante que lo haya hecho evitando todos los géneros habituales, como la entrevista, el perfil, los reportajes del estilo "el alcalde en familia, un día en la vida del alcalde", etc. Si es una apuesta por la renovación del periodismo o si es seguidismo de una estretegia política, queda a criterio de cada cual. A mí me da que las dos al mismo tiempo no pueden ser.

Francisco Durán Velasco