De resultas de la destitución del jefe de Programas de Radio Hospitalet (Barcelona), que ha denunciado un férreo control político de la emisora enviando una carta al presidente de la empresa y al grupo municipal del PP, el principal de la Oposición en el Ayuntamiento, me ronda la cabeza desde hace días la idea de si tengo legitimidad, tras 12 años ya de ejercicio profesional en Radio Hospitalet, para invocar altos valores como la libertad de prensa y la autonomía de los periodistas. Y me contesto que no, que he perdido tiempo y ocasiones para hacerlo y que, por decirlo coloquialmente, se me ha pasado el arroz.
Los trabajadores de los medios de comunicación municipales de Hospitalet hemos emitido una nota haciendo hincapié en que el jefe de Programas no tiene derecho a hablar en nombre de la plantilla y que, en todo caso, la portavocía de los trabajadores en cuestiones laborales y profesionales son sus delegados. La impresión general es que el jefe de Programas no ha aludido a la falta de libertad y pluralidad en Radio Hospitalet guiado de un espíritu quijotesco, sino que entrevemos cuestiones de índole personal que nos hacen recelar.
No obstante, a mí me ha servido todo ello para recordarme hace ya como 10 ó 12 años dando una charla en la escuela Xaloc, un centro vinculado al Opus Dei. Se trataba de que yo explicara a aquellos chavales cómo era la cerrera de Periodismo y mi visión de la profesión periodística para que ellos tuvieran elementos de juicio. No recuerdo qué les dije, pero sí sé que ahora no podría hablar de la libertad de expresión, de la necesaria independencia de la Prensa, en los mismos términos. Tenemos muchos tiros dados a estas alturas del partido, y creo que ha no puedo hablar de estos asuntos con idílica vocación pedagógica, estoy demasiado contaminado, después de tantos tiros dados y unos cuantos sapos engullidos. A mí me toca ahora tratar de estas cuestiones con otros que ya estén tan corrompidos como yo, esto es, con políticos a los que poder persuadir de que es necesario que los periodistas de los medios de comunicación del Ayuntamiento podamos desarrollar nuestro trabajo con un grado de autonomía suficiente.
Obsérvese que ya no aludo a conceptos tan teóricos como elevados y puros, y me muevo en el terreno del pacto en torno a lo posible, a lo realizable, a lo aceptable. Supongo que esto es ya de por sí una derrota y acepto mi parte de vergüenza, como Adán y Eva, que en su pecado -algo concebido para causarnos vergüenza- llevaron su castigo. Justamente por ello pienso que al destituido jefe de Programas de Radio Hospitalet, en tanto que jefe y en tanto que empleado más veterano de la empresa- le faltaba cierta legitimidad para darse golpes de pecho en defensa de la libertad. Todos tenemos una trayectoria y, al menos en mi caso, creo que he quedado inhabilitado para pronunciarme en torno a estos asuntos en términos juvenilmente angelicales, a pesar de que siempre he sido un mandado y nunca he ocupado puestos de responsabilidad editorial.
De los tiempos de la facultad recuerdo una especie de aforismo, según el cual "el periodista empieza siendo un idealista y acaba siendo un cínico". Todavía no he llegado a ese punto, y trato de modificar el estado de cosas sin llegar al filo de la temeridad, pero si hoy me volvieran a llamar de la escuela Xaloc para hacer un canto a la libertad de prensa, de manera tan amable como aciaga, debería declinar la invitación. Tenemos, en efecto, muchos tiros dados, y, para nuestra desgracia, muchos de ellos han sido para suicidarnos cada día. Confiemos en que la ley del Estatuto del Periodista, que se debate en el Congreso y que se debería aplicar en cascada en los medios de comunicación municipales, sirva para algo. Lo dicho, de estas materias ya sólo puedo hablar con otros tan baqueteados como yo.
Francisco Durán Velasco

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