Detesto tener que recurrir a este argumento, pero todavía hoy, un mes después del referéndum sobre el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, me pregunto qué habríamos leído si el que hubiera desafiado a la Junta Electoral hubiera sido José María Aznar, en lugar de Pasqual Maragall. Tengo el barrunto de que los titulares hubieran sido de un tono mucho más agrio y agresivo que los que venían en la prensa de Barcelona de aquel 17 de junio, víspera de la consulta y día en que cobró carta de naturaleza el cuarto a espadas que el president Maragall le echó a la Junta Electoral de forma consciente y premeditada.

Me da en la nariz que, de haber sido así, el titular principal de la La Vanguardia no habría sido

Zapatero (léase Aznar), Maragall (léase Piqué) y Mas (léase Mas) dan su último impulso al Estatut
sino que más bien hubiera hecho hincapié -creo igualmente que de forma mucho más severa- en un subtítulo también del diario del grupo Godó:

El president invita a ir a votar, en una declaración discutida por la Junta Electoral

No concibo que un acto en mi opinión despótico, caprichoso y autoritario no tuviera mayor relieve e, incluso, mayor acritud en la prensa catalana, porque, aunque pueda parecer anecdótico, la premeditación con que Maragall pidió el voto descaradamente a favor del "sí" en un discurso televisivo que contravenía no sólo por el contenido sino también por las formas las recomendaciones de la Junta Electoral, es un rasgo elocuente de una forma de entender el ejercicio del poder o de lo mucho que se jugaba el presidente de la Generalitat en el envite del referéndum. Y estando así el panorama, el viejo aforismo de que la democracia son formas -por lo que tiene de respeto a la ley y a las instituciones- quedó hecho fosfatina con la intervención de Maragall en la televisión. No sería cuestión menor este desafío de Maragall cuando el diario Avui titulaba:
Maragall, al límit

y El Periódico de Cataluña hacía lo propio con su titular de apertura y un primer subtítulo:

Maragall anima a votar pese a la Junta Electoral
El presidente de la Generalitat fuerza las normas y elogia en televisión las virtudes del nuevo Estatut

No me parece mal que los medios de comunicación tengan sus filias y sus fobias, en eso consiste la pluralidad informativa, supongo. Y al hilo de esto me da la impresión de que Maragall ha gozado, goza y auguro que gozará por siempre jamás de cierta bula en los medios de comunicación catalanes y en varios de la capital del Reino. No se explica de otra forma la suavidad complaciente con que los medios que ahora reseñaré trataron la renuncia de Maragall a repetir como candidato socialista a la Generalitat, decisión que, al parecer, se produjo tras una auténtica batalla campal entre las diferentes facciones del PSC, o sea, entre Maragall, conocido por sus ocurrencias o maragalladas (hay un libro de dos periodistas dedicado a este pseudogénero periodístico, el de las maragalladas), el aparato, el PSC, vamos. La beatífica balsa de aceite en la que el PSC largó a Maragall se vio reflejada de esta guisa:

- El Periódico: Maragall COMUNICA(las mayúsiculas son mías) que no opta a la relección
- El País: Maragall SE INCLINA por dejar paso a Montilla como candidato del PSC
- La Vanguardia: El PSC INVITA a Maragall a pronuncarse antes de ver a Zapatero

Tan sólo del diario El Mundo reseñaba dos días más tarde, el 23 de junio, que la cosa no había ido precisamente como una seda y acompañaba su fotonoticia de portada con este titular, brillante, a mi entender: Zapatero despide a Maragall.

Insisto en que me parece imprecidible que los medios de comunicación expresen sus inclinaciones políticas, pero creo que debiera hacers desde el punto de vista editorial, no escamoteando información relevante que debiera aparecer en los titulares estrictamente informativos o poniendo sordina y vaselina a la situación. En este sentido, retomo lo dicho al inicio de este artículo, y reitero que de haberse tratado del PP las cañas se hubieran tornado lanzas y estaríamos poco menos que ante un proceso de descomposición como el de la UCD.

Quizá por ello no me he tomado la molestia de recopilar los titulares de prensa del día siguiente a la última humorada de Maragall, la de convocar elecciones autonómicas para el 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos. Claro, que el partido las quería para el 2 de noviembre, Día de Difuntos. En fin, que de la bula podríamos habernos deslizado a la burla, al pitorrreo más descacharrante.

Francisco Durán Velasco