No quiero dar la impresión de que me cebo con él o que le tengo particular inquina, pero no quiero dejar pasar un episodio grotesco e irritante protagonizado este sábado por el presentador del Telediario de TVE, David Cantero. Resulta que después de dar la dramática noticia de una niña que había sido encontrada a la intemperie y, finalmente, había muerto de frío, dio paso a una simpática crónica que nos llevó hasta Japón para conocer más de cerca a una especie de cachalotes que exhalaban como unos anillos de humo, incluso debajo del agua, que los japoneses intepretan como una muetra ancestral de buena suerte.
Tengo asumido que, a menudo, los noticiarios televisivos informan sin un criterio demasiado riguroso de lo peor y lo mejor que pasa en el mundo, de lo triste y lo alegre, sin que parezca que haya un rango entre unas y otras, pero lo que me resulta inaceptable es que, como hizo Cantero, el presentador se dé golpes de pecho, haga gestos de contrición y, acto seguido, nos diga, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que es algo que no se puede evitar. Después de incluir una pieza de urgencia (finalizaba con una declaración, sin las habituales frase de cierre e imágenes de cola) sobre un suceso tan trágico y conmovedor como una niña bien pequeña abandonada y muerta de frío, es evidente que a Cantero le remordía la conciencia por tener que amenizarnos la tarde con los anillos de la suerte de los cetáceos japoneses, pero ¿qué le impedía ordenar la emisión de una cortinilla separadora o, mejor, ordenar que saltara de la escaleta la noticia de los anillos dichosos? Yo creo que nada, nada en absoluto. Y, en efecto, como bien denotó el comentario de disculpa, eso hubiera sido lo más respetuoso con el drama que se nos acababa de mostrar y lo más decente desde el punto de vista deontológico, porque lo contrario supuso banalizarlo hasta la náusea. Esa impostada sensibilidad se hubiera podido evidenciar sin tanto aspaviento saltando de noticia y pasando directamente a los deportes. Lo peor no es esa falta de rigor tan propia de los noticiarios televisivos, lo peor es que, encima, te den la murga.
Puestos a disculparse por "sentirse obligado a", me parecería más procedente, puesto que hay que pagar la hipoteca, que Cantero o cualquier otro presentador de televisión nos explicara que se ha sentido obligado a dar determinado sesgo a alguna información de corte político, más comprometida, claro. Sería, a mi modo de ver, más comprensible y más transparente.
Francisco Durán Velasco

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