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La Coctelera

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7 Febrero 2006

Las cosas importantes aquí

No creo que la crisis de las viñetas haya que circunscribirla únicamente en el contexto del derecho a la libertad de expresión, por más que sea quizá uno de los derechos humanos más esenciales, puesto que nos remite a la libertad de pensamiento. Me refiero a que el asunto esencial en este asunto es la autoafirmación, la autoafirmación en los principios que sustentan las democracias occidentales, o sea, las democracias. Porque, en mi opinión, los sistemas políticos de la inmensa mayoría de los países confesionalmente musulmanes (sin ir más lejos, éste es un ejemplo), no cumplen los requisitos mínimos para ser considerados auténticas democracias.

De hecho, a mí me causa pavor que siempre que nos encontramos ante una situació análoga a la crisis de las caricaturas la apelación sistemática es a la nación musulmana, al pueblo árabe y otros referentes colectivos que nos alejan del hecho cívico-político y nos sitúan en el ámbito del fanatismo más primario. Por establecer una diferencia, a mí siempre me llama la atención que en los países en los que rige un sistema democrático de corte liberal las manifestaciones se acostumbran a producir en contra del gobierno y la costumbre en los países árabes y/o islámicos es que las manifestaciones dan cobertura a la estrategia política del Gobierno, cosa que, reitero, me parece preocupante.

Pienso, por tanto, que el meollo de la cuestión en la crisis de las viñetas es no ceder, no transigir, no permitir que se subviertan valores que fundamentan el sistema democrático. Me causa pavor pensar qué estaría ocurriendo ahora si en lugar de representar la figura de Mahoma, las viñetas en cuestión hubieran presentado al profeta de los musulmanes en escenas procaces, truculentas o escatológicas. En este sentido, lamento que la tesis de un artículo reciente de Josep Pernau en El Periódico de Cataluña fuera la de que no se herir la sensibilidad de los que profesan una determinada fe. Y lo lamento porque los preceptos de una confesión religiosa sólo pueden ser de obligado cumplimiento para sus fieles, nunca para el conjunto de una sociedad. Mucho más si esa sociedad se proclama aconfesional.

Esta es la cuestión. ¿debemos renunciar a publicar una viñeta en la prensa con la imagen de Mahoma al tiempo que vemos cada día las mismas viñetas aludiendo a Jescuristo o escuchamos chsites de judíos en cualquier película, pongamos por caso? ¿Podemos rasgarnos las vestiduras por una viñeta en la que aparece la figura de Mahoma y podemos tolrar, en cambio, que el nuevo presidente de Irán cuestione la existencia del Holocausto? Mi respuesta es que no, que no podemos renunciar a esa libertad suprema que nos permite, por ejemplo, quemar la bandera de nuestro propio país, como muestra máxima de la libertad de expresión y del derecho a discrepar de la política del gobierno legítimo de tu propio país. Al hilo de esto, me ha parecido deplorable que no haya habido una respuesta en bloque de los países de la UE, que no se haya lanzado el mensaje de que nuestros gobiernos no dictan -aunque sí tratan de influir- la línea editorial de los medios, que no pueden, por tanto, prohibir la publicación de nada, que quizá en muchos países islámicos tal cosa pueda suceder, pero que en nuestro sistema político eso es inviable. Del mismo modo, hubiera deseado que todos los medios de comunicación españoles hubieran publicados las viñetas sin ningún comentario, o, si acaso, con un pie de foto que dijera que esa viñeta se publica porque hay derecho a publicarla.

Se me ocurre que, por la misma regla de tres y apelando al mandamiento de que no se tomará el nombre de Dios en vano, habría que prohibir la publicación de todas las viñetas que se refieren en todo jocoso e hiriente a la figura del Dios de los cristianos. Y de eso tenemos varios ejemplos cada día.

Como resulta evidente que el sesgo informativo que se dé a estas noticias tendrá una importancia notable, me voy a referir a dos titulares aparecidos en La Varnguardia ayer y hoy que me han sacado un tanto de mis casillas. Ayer, en portada, se leía: "Arde el consulado danés en Beirut". O sea que, quizá por accidente, el consulado ardió. No fue atacado, asaltado y quemado, no, ardió. Hoy, el mismo diario (también El Periódico de Cataluña) titula: "Seis muertos en las protestas por las viñetas de Mahoma". No. La cuestión de las viñetas es una muestra evidente de una población fanatizada por unos gobiernos integrsitas, pero lo que causa las muertes no son las viñetas, sino los usos y costumbres de esos gobiernos a la hora de reprimir manifestaciones. Y me vuelvo preguntar cómo se juzgaría en la prensa de cualquier país occidental el hecho de que una manifestación acabara con varios muertos. Creo que se pedirían dimisiones al más alto nivel, pero, como el mundo musulmán amenaza con sublevarse porque se siente muy ofendido, hay que practicar la política de apaciguamiento, que no sirvió de nada en el momento histórico en que se acuño el término.

Para finalizar, leo también en la portada de La Vanguardia "Las excusas son suficientes pero cómo convencer a la gente de Oriente Medio". Declaración de Abu Laban, imán de Copenague. Sigo sin saber por qué demonios debería pedirle disculpas. Sigo sin saber por qué ha desatado esta polémica casi sesi meses más tarde de la publicación de las viñetas. Sigo sin saber, aunque lo intuyo, si tiene que ver con la crisis nuclear en Irán y la posible reprobación de las Naciones Unidas. Sigo sin saber muchas cosas de este asunto. Pero sí sé qué es lo importante aquí y ahora. Y no es Mahoma, al que como diría Rubianes ...

Francisco Durán Velasco

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