Supongo que lo que da razón de ser al titular que trae El País de hoy jueves, 26 de enero, -"Google acepta la censura de Pekín para poder competir en el mercado chino"- responde a aquello de que el dinero no tiene patria. Y, al menos en este caso, habría que decir que tampoco tiene principios. Ya me referí a este asunto con ocasión de la postura de Microsoft de facilitar al gobierno chino los datos de un periodista que publicaba en su ciberbitácora informaciones y comentarios perniciosos, y que, como bien se apunta en artículo de El País "acabó condenado a 10 años de cárcel por disidencia política". O sea, que Microsoft delataba a este periodista y menoscababa el derecho a la libertad de expresión y pensamiento. Google se suma así a Microsoft y Yahoo, corporaciones dicen verse obligadas a atenerse a la legislación china, pero a nadie se le escapa que lo que está en juego son esos más de 100 millones de internautas chinos y la cuota de mercado que se puede perder si uno se atiene a unos principios éticos esenciales. Este conflicto ético -que nos incumbe a todos- lo ha resuelto de un plumazo, al igual que Bill Gates, el máximo responsable de Google, Eric Schmidt (en la foto), que no ha dudado en sumarse a la nómina de falsarios que se llenan la boca de democracia pero no dudan el laminar el derecho a la libertad de expresión si de ello depende la cuenta de resultados.

Google restringe en China cualquier búsqueda que incluya términos como "derechos humanos" y otras palabras fatídicas como Tibet, Taiwan y Tiananmen. Asimismo, ha cancelado sus servicios de correo electrónico y de activación de ciberbitácoras y ha eliminado los enlaces con medios de comunicación extranjeros. El País aporta un dato que resulta escalofriante, incluso si se tiene en cuenta la población china: "Se calcula que la brigada cibernética del Gobierno dedicada al seguimiento y la censura de contenidos está formada por más de 30.000 agentes", y concluye que "la mayoría de los disidentes políticos encarcelados en el mundo por contenidos publicados en Internet están en prisiones de China".

No quiero pecar de ingenuo o de excesivamente idealista, pero me parece que tal grado de hipocresía no es admisible. Yahoo, Microsoft y Google deberían tener en cuenta que no todo vale, que la libertad de comercio debería ser indisociable de la seguridad jurídica y la democracia. Podría dar rienda suelta a mi lado más visceral y poner como no digan dueñas a los capitostes que dominan la aldea global, pero creo que lo hace mejor, más sutilmente, Javier del Pino cuando apunta en su artículo en El País: "Paradójicamente, Google mantiene en sus páginas corporativas una declaración filosófica con sus principios empresariales. El cuarto es "la democracia funciona en Internet", el sexto "se puede ganar dinero sin hacer el mal" y el octavo "la necesidad de información cruza todas las fronteras"".

¡Qué desesperante resulta que dependa de esta gente para poder comunicaros esto que escribo ahora!

Francisco Durán Velasco