No me importa que las tertulias radiofónicas sean vehementes y enardecidas. Creo que la monserga de la crispación es un ardid de dirigentes y partidos políticos de uno y otro signo que se sienten injustamente tratados por tertulianos de muy distinto pelaje. Supongo que tanta crispación generan entre los votantes y simpatizantes del PSOE las tertulias de la Cope como la que suscitan entre los votantes y simpatizantes del PP las tertulias de la cadena Ser. Lo que me molesta es que los únicos asuntos que se traten en las tertulias matutinas tengan que ver con la política o con la fauna de famosillos de medio pelo, en el caso de las televisiones. Pienso en ello al releer un teletipo de la agencia Efe del lunes, 23 de enero, que anunciaba la segunda edición de un premio que el Senado organiza para revitalizar la crónica parlamentaria y recordar y ensalzar la figura de Luis Carandel, don Luis Carandel, como le dijeron siempre en Madrid.
En estos tiempos de tertulias exclusivamente políticas o sobre petardeo, siento una enorme añoranza por aquella tertulia de sobremesa de Antena 3 radio, en la que participaba con frecuencia Luis Carandell. Don Luis Carandel, porque se trataban de don. Hace tanto tiempo que no me acuerdo de todos ellos. Sólo recuerdo a Miguel Ángel García Juez, el conductor de la tertulia, a don Luis Ángel de la Viuda, a don manuel Martín Ferrand y a dos Luis Carandell. Recuerdo también que don Arturo Fernández, el actor, el dandy, acudía de vez en cuando, sólo de vez en cuando, y les invitaba a champán, como un gesto de elegancia altanera.
Siento añoranza porque, aunque insisto en que no me parece inadecuado que se emplee el formato de la tertulia para comentar la actualidad política, creo que resulta abusivo, extenuante y, lo que es peor, privativo del auténtico espíritu de la tertulia: mantener una conversación sobre lo que surja, estando siempre presente la cordialidad, la camaradería y el fino sentido del humor. Y en eso, don Luis Carandel era un paradigma. Recuerdo tertulias de aquella intervenida y cerrada Antena 3 radio sobre comidas, costumbres y santos, aspecto éste último en el que Luis Carandell esra una autoridad. Qué delicia estar pendiente de aquella tertulia, tratar de pillarle el tranquillo a cada uno de ellos, intentar captar los comentarios sardónicos y las alusiones más o menos cultas. De su sentido del humor son ejemplo aseveraciones que ya forman parte de mi imaginario, como: "los sociólogos son esos señores que dicen solemnemente lo que todo el mundo sabe", "los boyscouts son un grupo de niños vestidos como gilipollas guiados por un gilipollas vestido de niño" y "una conferencia es una reunión de personas que se despiertan sobresaltadas para aplaudir".
Puede que hoy haya tertulias con aquel tono de Antena 3 radio, pero yo no las encuentro. Aunque me parece encomiable el esfuerzo que hacen unos compañeros míos en Radio Hospitalet por mantener dos tertulias con mujeres de varios ámbitos y con las fuerzas vivas -un cura, un concejal, un policía y un maestro- la mayoría de las veces comentan pormenores políticos. En un tono más distendido, más de café y puro, pero de política al fin y al cabo. El caso es que quisiera que hubiera tertulias con ese aire costumbrista, tan característico de la crónica parlamentaria. En este sentido, agradezco haber leído libros de crónicas parlamentarias de periodistas como don Luis Carandel. Algo se pega. Aprovecho, asimismo, para recomendar las crónicas parlamentarias de otro periodista al que admiro y del que hace mucho tiempo que no sé nada: Víctor Márquez Reviriego, autor, entre otros, del libro de conversaciones con el Felipe González de antes de llegar al Gobierno, "Un estilo ético". No creo que se haya reeditado, así que a rebuscar en las librerías y mercadillos de viejo.
Creo que hoy tan sólo Raúl del Pozo en El Mundo, pero sólo en contadas ocasiones, entronca con la crónica parlamentaria fetén, mezcla de información, opinión, anecdotario, bagaje, criterio y horas de vuelo. Porque para esto de la crónica parlamentaria, pienso, hacen falta unas cuantas canas.
Francisco Durán Velasco

Escribe un comentario