Mena, ¡cuádrese!
Hay veces en las que no me gusta andarme por las ramas y hoy es uno de esos días, así que me apresuro a decir que secundo las medidas cautelares adoptadas por el ministro Bono en relación con las declaraciones del teniente general Mena en torno al futurible nuevo estatuto de autonomía de Cataluña. Después de haberme tirado todo el fin de semana sin haber leído un periódico ni haber visto ni oído un solo noticiario televisivo o radiofónico (quizá debería sentirme culpable, pero de vez en cuando apetece una purga informativa), me he encontrado esta mañana en la redacción de Radio Hospitalet con la tremenda zapatiesta (no es una alusión ni a Zapatero no a la revolución zapatista) que se ha organizado a este respecto.
Comparto, de hecho, la tesis central del teniente general Mena, puesto que también opino que el Estatut excede ampliamente los límites de la Constitución y menoscaba en todo su articulado el principio de España como unidad nacional. Ahora bien, creo que, por higiene democrática, los militares deberían abstenerse de expresar opiniones políticas de este calado. El señor Mena debería ser consciente de que hay fuerzas políticas, medios de comunicación, instituciones y ciudadanos particulares que están expresando reiteradamente opiniones críticas e, incluso, antagónicas con los postulados del nuevo estatuto catalán, y que, por tanto, sus manifestaciones no añaden nada sustancialmente nuevo y sólo pueden perturbar el clima político. Es más, viendo la foto de portada del diario El Mundo de este lunes (una pancarta de los radicales del Atlético de Madrid dando apoyo a Mena), me dan ganas de pasarme al bando pro-Estatut, aunque no renunciaré a mis convicciones.

Pero, claro, tengo el barrunto de que la intención de este militar no era otra que influir en el sistema político sin necesidad de renunciar a sus galones y tener que incrustarse en alguna lista electoral, esto es, tomando un atajo. En este sentido, aplaudo que el ministro Bono haya actuado con rapidez y diligencia y haya lanzado un mensaje claro y diáfano al conjunto del estamento militar.
Es cierto que la Constitución concluye que una de las funciones del Ejército es garantizar la unidad nacional, pero no los es menos que en los regímenes de garantías democráticas el poder militar está siempre supeditado a lo que dictaminen los poderes políticos legalmente constituidos. El expresidente del PNV, Xabier Arzalluz, abandonó su cargo sin haber conseguido que ese artículo de la Constitución fuera revocado. Si nos atenemos a la literalidad del artículo, podríamos concluir que se refiere al mantenimiento de la unidad nacional en cualquier circunstancia, pero a mí me parece -sin ser, por razones obvias, uno de los Padres de la Constitución- que la intepretación más plausible es que se refiere a defender la unidad nacional frente a una agresión exterior. En caso contrario, la unidad nacional, su parcelación o su organización territorial tiene ámbitos de discusión suficientes como para que no sea necesario el consejo, la tutela y la sapiencia de los militares. Cualquier otra posibilidad comporta que el Ejército se divida en facciones y eso acostumbra a ser sinónimo de guerra civil.
Dicho esto, me gustaría hacer hincapié en que no parece que se armara el mismo revuelo cuando, en vísperas de la guerra de Iraq, también hubo manifestaciones de militares en contra de la intervención y de la posible participación de España, desautorizando y desairando al Gobierno de entonces y a la resolución del Congreso de entonces. De hecho, alguno de esos mandos fue condecorado en cuanto Rodríguez Zapatero tomó posesión del cargo.
En cuanto al tratamiento informativo del asunto, estoy atrapado en el eterno dilema que se suscita, por ejemplo, en lo referente a las noticias relativas a los atentados terroristas. Corremos el riesgo de que magnificando las declaraciones de un solo militar, el teniente general Mena (aunque él afirma que sus subordinados las comparten), lo convirtamos en un mártir y excitemos así el celo de otros, lo cual sería tremebundo, porque no creo que haya ahora riesgo de golpe militar. Y reitero que recrearse en este asunto pudiera resultar una grave irresponsabilidad, por más intención política que los medios de comunicación le quieran dar al asunto. Otra virtud, ésta, la de atajar los rumores y las intepretaciones extemporáneas, de la decisión expeditiva del ministro Bono.
Ya que este es un blog sobre periodismo, pongamos el punto final con un buen topicazo: el de la música militar y la música.
Francisco Durán Velasco


Entreri dijo
buen artículo, me ha parecido razonable y bien escrito.
me gustaría añadir que cuando se habla del papel del ejército sólo se destaca su defensa de la unidad e independencia de españa, cuando la constitución recoge mucho más que eso. ¿por qué no mencionar también el papel del ejército en la defensa del patrimonio cultural español, de la autonomía de las regiones o de la soberanía popular? todo ello aparece en la constitución y, sin embargo, mena aguado sólo ve amenazada la unidad de españa...
9 Enero 2006 | 03:00 PM