¡Qué gusto da poder publicar una "nota de editor"! Andreu Ferrer, periodista y amigo, ha cumplido su palabra y antes de que haya expirado 2005 nos ha enviado algunas impresiones sobre la biografía de la señora Graham, la editora muchos años del Washington Post, en particular durante el 'caso Watergate'. Ahí van...
Katharine Graham, mujer, periodista, empresaria, editora de The Washington Post. Este es el subtítulo de la autobiografía de la señora Graham, que ha sido todo eso y más. Lo de mujer, porque fue la primera editora de un gran medio norteamericano en un mundo controlado por hombres. Lo de periodista, porque en sus años mozos cultivó el noble arte de contar historias. Lo de empresaria, porque tras la muerte de su marido heredó el grupo de The Washington Post, que no sólo incluía el conocido diario sino también la revista Newsweek y varias emisoras de televisión. Y lo de editora porque, fallecido su marido, dejó su vida de "esposa de" y tomó las riendas del periódico.
Se hace difícil resumir toda una dilatada historia de más de 80 años, pero vamos a destacar algunas cosas. ¿Alguien se imagina al conde de Godó picando breves en La Vanguardia cuando los trabajadores fueron a la huelga? Pues bien, la señora Graham se puso a picar breves, a responder al teléfono, a recibir anuncios cuando el Post vivió una durísima huelga a mediados de los setenta, desde los talleres hasta el chico del reparto. Tan dura, que tuvieron que sacar los periódicos con helicóptero.
El caso Watergate y las informaciones que publicó el Post son, sin duda, los que más repercusión ha tenido. Pero pocos años antes, el diario ya tuvo que bregar con un hueso duro: los papeles del Pentágono, un estudio sobre la toma de decisiones políticas en relación a Vietnam. La exclusiva era del New York Times, pero el juez dictó una suspensión de la publicación, con lo cual sólo publicó tres capítulos del tema. A pesar de la decisión de la justicia, el Post se hizo con los documentos y al día siguiente los publicó. Tras un proceso judicial, los tribunales dictaminaron que la legalidad de su publicación, pero el primer puyazo del Post a Nixon ya estaba dado.
A partir de ahí, comenzó el caso Watergate que, por lo que explica la señora Graham, fue una mezcla de suerte y de decisión para tirar del hilo de un aparentemente inocente robo en la sede del partido de la oposición. Y ahí es donde, como dice Paco, Katharine Graham los tuvo bien puestos y defendió, a capa y espada, la labor de sus periodistas. Por no saber, no sabía ni la identidad de Garganta Profunda. Tal defensa llegó hasta las vistas judiciales, en las que Graham acudía armada con las notas de los periodistas, que asumía como suyas.
Lo más curioso de Watergate es que llegó un punto en el que la investigación no progresaba, parecía que Nixon iba a salvar el culo con aquello de "me enteré por la prensa" o de "pondría la mano en el fuego por...", hasta que un asesor presidencial reveló que existía un sistema de grabación activado por voz en la Casa Blanca. Curiosamente, Nixon no se preocupó de destruir las cintas que le implicaban en el caso, que acabaron por salir a la luz y le obligaron a dimitir. Ciertamente, fue un personaje de lo más patético.
Andreu Ferrer
GRAHAM, Katharine. "Una historia personal. Mujer, periodista, empresaria, editora de The Washington Post". Alianza editorial.

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