
La referencia más a mano que tengo de Eslovenia es Jaka Lakovic, talentoso escolta del equipo de baloncesto del Barça. Sé también que es una de las repúblicas de la antigua Yugoslavia. E, incluso, podría haber llegado a acertar de chiripa en algún concurso televisivo que es uno de los países de reciente incorporación a la Unión Europea.Y se acabó.
Pues resulta que Eslovenia va a ejercer la presidencia de turno de la Unión Europea. El canal 3-24 de TV3 me ha dado la noticia a mediodía, aunque creo que no ha cumplido su función de informar, al menos de informar correcta y suficientemente, puesto que echado en falta cierta contextualización. Por ir al grano, me hubiera gustado saber de qué ámbito ideológico es el gobierno esloveno, porque se me antoja un dato relevante. Porque supongo que una hipotética presidencia española de la Unión Europea bajo un gobierno del PSOE no sería idéntica la presidencia ejercida años atrás por el gabinete de Aznar.
A mí, que trabajo en la información local en Radio Hospitalet (Barcelona), me gustareferenciar políticamente a los cargos municipales, que concentran buena parte del flujo informativo. Ahora que se acercan las elecciones generales no está de más recordar que una de las funciones de los medios de comunicación es contribuir a que los ciudadanos se formen una opinión. Y para eso hay que saber de qué pie cojea cada uno. Incluso tratándose de Eslovenia.
Francisco Durán Velasco
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Que Elisa Beni, responsable de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y a la sazón esposa del juez Bermúdez, presidente del tribunal en el juicio del 11-M, pretenda presentar el libro que acaba de publicar para mayor loa de su esposo, "La soledad del juzgador", como una muestra de periodismo de investigación no deja de parecerme una desfachatez. O, más finamente, una falta de pudor.
Ahora bien, es incuestionable que como periodista ha sabido trabajarse las fuentes.
Francisco Durán Velasco
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Hace tanto tiempo que lo creo que lo escribí ya en la facultad en una asignatura de periodismo de opinión. Y no en el último curso sino en el tercero: pienso que el ejercicio del periodismo es incompatible con la militancia política. No con la simpatía o con la inclinación hacia una determinada ideología o corriente de pensamiento o, incluso. hacia un partido político concreto (de hecho, me parece que lo más honrado intelectualmente hablando es hacerlo explícito sobre todo si se es articulista o editorialista, porque tratar de esconderlo es un esfuerzo estéril; al final siempre te acaban endilgando alguna etiqueta, así que más vale que la etiqueta la escoja uno mismo), pero sí con la militancia por lo que tiene -mucho más en un sistema tan partitocrático como el nuestro- de obediencia debida a la jerarquía que decide la composición de las listas y de suspensión del criterio propio y el talante crítico.

No juzgo ni repruebo que periodistas como Luis Herrero, ahora eurodiputado del PP, den el paso de dedicarse a la política. Si entienden que tienen ese deber cívico me parece estupendo. Si acaso criticaría y pediría que alguien impidiera las singladuras de ida y vuelta, a no ser que se actúe como articulista o como opinador en cualquiera de sus modalidades.

Veremos si ocurre así en el último caso que, más que llamarme la atención, me ha refrescado esta convicción gremial: el nuevo diputado socialista en el Parlamento de Cataluña, Josep Maria Ballcells, de quien no se puede decir que fuera llamado a presentar el Telediario de las 9 de la noche en época de Felipe González ni que recibiera la encomienda de moderar -¿o dirigir?- el programa de debate político de Barcelona TV precisamente por sus antipatías hacia el partido socialista. Del mismo modo, me malicio,que la ínica posibilidad de que Luis Herreo hiciera lo propio en TVE con el PP en el Gobierno.
Insistio en la necesidad de discernir casi puntillosamente entre el periodismo opinativo y el informativo y/o formativo. Como pontificantes de los idearios de sus respectivos partidos, ni Herreo ni Balcells engañan a nadie, incluso si aparecieran en TV con el rótulo de "periodista", pero en cualquier otra modalidad creo que supondrían un desafuero para la necesaria distancia que debe existir entre los medios de comunicación y el poder político, gobernante o no. El periodista tiene el imperativo ético de la diversidad de fuentes y puntos de vista, mientras que el mensaje unidireccional y privativo es quizá la razón de ser de la comunicación política. Y en eso es en lo que están ahora Herreo y Balcells. Por lo menos ellos lo hacen ahora a pecho descubierto, pero quedan muchos emboscados.
Francisco Durán Velasco
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Cualquiera que se haya dedicado siquiera una semana al oficio de periodista habrá sentido la tentación -o la inclinación, que no queremos pasar por clericales- de despacharse a gusto con alguien y dedicarle toda la retahíla de adjetivos calificativos peyorativos de su repertorio. Esa pulsión tan humana ante hechos que nos causan indignación es la que, supuestamente, los periodistas deberíamos aquietar a la hora de elaborar nuestras informaciones, porque, se presume, las noticias deben contener hechos en lugar de opiniones; datos y no adjetivos.
No obstante, siempre he reclamado el derecho de los periodistas no sólo a informar sino también a intepretar, preludio un determinado sesgo informativo, o sea, de una opinión. Lo contrario nos convertiría en informadores robóticos y nos extirparía la facultad de ser humanamente comunicativos.
Ahora bien, como los adjetivos sirven para matizar, bueno será prestar atención al matiz que sugería Álex Grijelmo, periodista y escritor, director de la agencia Efe, y autor del libro de estilo del diario El País y de libros como "El genio del lenguaje", expresión que la coeditora de esta bitácora tiene como santo y seña, en una entrevista en El País del 24 de septiembre:
P. Usted aborda un asunto espinoso, el del adjetivo...
R. El del adjetivo certero.
Ni más ni menos. No creo que el periodismo y la adjetivación sean incompatibles, pero estoy con Grijelmo cuando sugiere que los adjetivos han de ser certeros y, añado, justificados y no demasiado frecuentes, porque la sobreabunancia va en detrimento de la efectividad.
Al hilo de esto, y a pesar de que siempre he defendido el estilo marcadamente de autor y adjetivante, si se me permite el palabro, de Federico Jiménez Losantos, porque pienso que está en su derecho, tengo que recurrir a una intervención suya de esta semana como mal ejemplo de adjetivación periodística: calificar al juez Garzón de incompetente, tanto por empeñarse en llevar el caso de la presunta falsificación de un informe de tres peritos del Ministerio del Interior como por su posible ineptitud, es legítima crítica periodística; decir que el juez Garzón se ha puesto muy gordo es sobrero e injuriosamente irrelevante.
Francisco Durán Velasco
Álex Grijelmo. "La gramática descomplicada". Ed. Taurus
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