Categoría: ¿Lo cuálo?
10 Octubre 2008

Prácticamente toda mi carrera (por suerte, pude trabajar al tiempo que estudiaba y escapé de esos horribles planes de estudio -tipo Universidad Pompeu Fabra- que convierten a los futuros periodistas en profesionales del estudio) ha transcurrido en paralelo con las pertinaces 'cartas al director' que se llama como yo ha venido enviando fundamentalmente a El Periódico de Cataluña. Aunque detesto los tópicos ya sobados hasta convertirlos en guiñapos, diré, no obstante, que es una situación kafkiana, pero sólo por incluir este articulito en la sección '¿Lo cuálo?'.
Además de un motivo de chanza en mi entorno laboral y personal, este cívico lector ha sido como un otro yo, como una conciencia crítica que me recuerda que si hay motivos de queja por parte de alguien los periodistas debiéramos hacernos eco de ello. Como dice una canción de Iván Ferreiro, "...y yo no puedo negarme, pues el tipo soy yo mismo".
Pero cada vez que Francisco Durán (Guirao) publica una nueva 'carta al director', la última el pasado 15 de septiembre, a Francisco Durán (Velasco) le sigue recorriendo el cuerpo un leve escalofrío, a pesar de tener casi ya 40 años, un contrato fijo, y a pesar de haber aclarado mil veces el posible malentendido.
Y entonces pienso lo de siempre: que el periodismo es un oficio muy vulnerable.
Francisco Durán Velasco
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9 Septiembre 2008

De las rutinas periodísticas, creo que la que más me llega a irritar, por sobada, es la de emplear títulos de películas o de novelas. El paradigma de ese tic quizá sea "Crónica de una muerte anunciada", de García Márquez, pero se podría conformar todo un glosario. Y no lo voy a hacer.
Sólo quisiera añadir que a lo poco edificantes que me resultan los programas de Patricia Gaztañaga, hay que añadir que a su nueva criatura la haga llamar "No es programa para viejos". Nadie es perfecto. Perdón.
Francisco Durán Velasco
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5 Septiembre 2008
Como hace algún tiempo publiqué un articulito criticando la presencia a mi entender desmesurada que las primarias del Partido Demócrata entre Hillary Clinton y Barack Obama habían tenido en los medios españoles, pues ahora que los tickets electorales de demócratas y repúblicanos han quedado definidos y que el célebre Supermartes está a la vuelta de la esquina, supongo que hay que volver sobre el asunto.
Y lo hago todavía en estado de shock (sí, van unos cuantos anglicismos, pero es que el tema lo pide), después de que haya entrado en escena un personaje para el que pareciera haberse acuñado el término mediático. Me refiero a Sarah Palin, candidata a vicepresidenta de los Estados Unidos por el Partido Republicano, quien por su novedad, su biografía y sus convicciones estaba casi predestinada a concitar la atención escrutadora de los medios de comunicación del mundo entero.

Con Sarah Palin me ratifico en la idea de que la objetividad es una quimera y que incluso cuando tratamos de ser meramente descriptivos también introducimos connotaciones. Para muestra un botón: pie de foto de la fotografía de portada que La Vanguardia le dedicó a Sarah Palin el día en que se confirmó su designación (valga este término, que no es lo mismo que nominar, es decir, tan sólo nombrar, por los anglicismos anteriores) como número 2 de los republicanos:
Madre de 5 hijos, 44 años, conservadora
Después vendría el supuesto escándalo de su hija de 17 años embaraza y a la espera de casarse, su confesión de haber consumido marihuana de joven y, sobre todo, algunas convicciones tan firmes como polémicas, referidas a temas muy sensibles, como el aborto, el medio ambiente y la tenencia de armas. En EL PAÍS fueron más al grano y le dedicaron esta referencia en portada a Sarah Palin, ya que la gran foto de portada se la llevó Barack Obama (faltaría más):
McCain elige a la ultraconservadora Sarah Palin para vicepresidenta
En fin, que en estos tiempos de política fofa, tibia, siempre tan moderada y de centro, en la que lo que prima no es explicar tus ideas sino tratar de no enfadar a las capas sociales que pueden estar en el límite entre los grandes partidos, que surja alguien con convicciones propias, polémicas y a contracorriente, mucho más si se trata de una mujer que se declara abierta y desacomplejadamente de derechas, es una oportunidad que el stablishment mediático no podía dejar pasar.
Francisco Durán Velasco
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20 Agosto 2008
Pongamos que (tributo a Sabina, en efecto) hablamos de Pedro Solbes, ministro de Economía del Gobierno del PSOE. Pongamos que hablamos de aquello que nos refirieron en la facultad de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona acerca de la fiabilidad y veracidad de las fuentes informativas.

Pongamos que hace algunos meses, allá por febrero o marzo, un estudiante de Economía hubiera venido a las oficinas de nuestro medio de comunicación a entregarnos un informe que vaticinara que se entraría en recesión a finales de año: Gracias, gracias. Muy amable. Deja tu currículum. Adiós. Buenos días.
Pongamos que por las mismas fechas, un ministro de Economía y candidato al Congreso hubiera afirmado en un debate televisivo con un portavoz económico del partido rival que no hay crisis, que sostener tal cosa es catastrofismo antipatriótico, y que la economía remontará a partir de abril, casualmente después de las elecciones.
Pongamos que desde ese debate televisivo, los precios y el desempleo no han dejado de aumentar, hasta el punto de que el Gobierno resultante de aquellas elecciones ha acabdo por admitir que hay crisis, si bien después de haber puesto en circulación una tan larga e ingeniosa como insultante ristra de eufemismos.
Pongamos que, según los expertos y las instancias oficiales, la economía española está prácticamente estancada, esto es, al borde de ir p'atrás o, como dicen ellos, a punto de entrar en fase de "crecimiento negativo" (gran hallazgo).
Pongamos que ese ministro de Economía que se ha distinguido por no atinar ni una sola de sus previsiones macroeconómicas convoca hoy una rueda de prensa.
Pongamos que nos planteamos si acudir o no, dada la acreditada escasa fiabilidad de la fuente informativa.
Pongamos que, por supuesto, acudiremos.
Entre otras cosas, por dos aspectos esenciales del periodismo: que es una actividad en constante mutación, y vete a saber si el ministro anuncia, pongamos, su irrevocable dimisión; y que, aunque no figure en los manuales teóricos, la realidad es que noticia también es -de hecho lo es la mayoría de veces- cualquier cosa, por banal, reiterativa e inverosímil que pueda resultar, que salga de la boca de algún gobernante.
Francisco Durán Velasco
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31 Enero 2006
Los artículos firmados por lingüistas y filólogos poniendo a caer de un burro a los periodistas por el mal empleo del lenguaje se han convertido ya, gracias, principalmente, a la trayectoria del difunto Fernando Lázaro Carreter en varios periódicos nacionales, en un género periodístico más. Leo esta clase de artículos siempre con gusto y espíritu autocrítico, porque es innegable que los periodistas no siempre somos pulcros y cuidadosos con la expresión y nos dejamos llevar con demasiada frecuencia por aquello de "pero si ya se entiende".
Dicho esto, también quiero romper una lanza en favor de todos nosotros, aunque sea recurriendo al tópico de la presión de los jefes, las prisas del cierre de la edición, la emoción del directo y todas las demás circunstancias que conforman el imaginario de la profesión. También defenderé el honor de los periodistas aludiendo al sector editorial y recurriendo al refranero, porque si en mi casa cuecen habas, en la tuya calderadas.
Resulta que en el libro que acabo de leer, "Expiación", de Ian McEwan, me he encontrado con algún botón de muestra, que paso a reseñar:
Entre las páginas 25 y 26 me topo con esta frase referida a la protagonista de la novela: "Briony no acertaba a ponerse a la altura de la chica más mayor". Igualmente, en las páginas 144 y 145 se puede leer esta otra: "Y entonces, por una mezcla de motivos -una necesidad práctica de cambiar de tema, el deseo de comunicar un secreto y demostrar a la chica más mayor que también ella tenía experiencia de la vida, pero sobre todo porque se había encariñado con Lola y quería ganársela-, Briony le contó su encuentro con Robbie en el puente". Me voy a permitir recordar que "mayor" ya implica una diferencia comparativa que no es necesario acentuar con el "más", salvo que uno quiera reproducir un registro de lenguaje coloquial o vulgar. Y no parece que el tono de la frase denote ninguno de esos dos registros. Briony, en consecuencia, no acertaría a ponerse a la altura de la chica mayor o de la mayor de las chicas. La "más mayor" es una redundancia innecesaria.
Por otra parte, en el libro que traigo entre manos estos días, "Todo está iluminado", de Jonathan Safran Foer, me encuentro constantemente con frases que empiezan con: "Es por ello que ...", traducción literal -que no siempre resulta adecuada- de la locución "It's because of that ...". En castellano, parece más simple y más corto -más periodístico, por tanto- decir "por ello" a secas, sin más aditamentos.
Insisto en que los periodistas debemos ser conscientes de que somos espejo y modelo en lo relativo al empleo del lenguaje y que, por tanto, debemos actuar con responsabilidad en este campo, pero también quiero dejar claro que a veces resulta irritante tanto ensañamiento y tanta sorna. No quiero pagar con la misma moneda, pero me parece menos tolerable que un texto que ha sido revisado por decenas de personas antes de su publicación contenga estos errores que tal cosa suceda en un artículo periodístico, por naturaleza apresurado y efímero. No me extraña que, teniendo estos editores, los periodistas escribamos tan desastrosamente como parece que lo hacemos.
Francisco Durán Velasco
P.D. A pesar de todo,
McEWAN, Ian. "Expiación". Anagrama
SAFRAN FOER. Jonathan. "Todo está iluminado". Lumen
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